Contador persigue a Pantani

Contador persigue a Pantani

El Giro de Italia es una carrera especial. Y no lo es solo por ser una de las 3 grandes carreras del ciclismo junto a la Vuelta a España y el rey Tour de Francia. Su dureza, física y mental, la acumulación de puertos inolvidables, sus trampas y, sobre todo, por el carácter combativo de los italianos en su carrera. El Tour es más importante pero para los italianos su Giro es lo más especial. Una cosa es la cabeza y otra el corazón.

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Alberto Contador acudía al Giro de Italia buscando una gesta difícil. Muy difícil. El corredor de Pinto busca repetir los dobletes Giro-Tour de Miguel Indurain en 1992 y 1994 y el de Marco Pantani, el último en lograrlo en 1998. Ya sabemos lo que vino después para el enorme escalador transalpino: la expulsión en el Giro de 1999 en Madonna di Campligio por su elevado nivel de hematocrito cuando iba lider sobrado y su posterior bajada a los infiernos, con algún destello de clase puntual, que le llevaron a la muerte por sobredosis en 2004.

En ese año 1999 Patani no solo iba a ganar el Giro. Estaba arrasando a sus rivales ganando varias etapas de montaña con una suficiencia enorme. Ganar y convenver a todo un país de que era el Dios de las alturas e invencible cuesta arriba. Hundiendo al mejor Indurain en la etapa del Mortirolo en 1994 en una de las mejores jornadas de ciclismo que se recuerdan. No solo convenció a los italianos. Contador era un chaval de 16 años que soñaba con imitarle. Y no solo ganando sino también en la forma con ese punto de rebeldía de querer ganar todo lo posible y con una forma de escalador clásico: guiándose por sensaciones y no solo por las matemáticas.

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El reto que busca que busca Contador se presentaba asequible, a priori, en la primera parte del Giro. Un reccorrido más humano que otros años y una nómina de aspirantes y rivales no demasiado elevada. No están el colombiano Nairo Quintana, ganador el año pasado, Chris Froome ni Vincenzo Nibali. Los grandes del pelotón además del corredor madrileño. Entre sus principales rivales en la salida destacaban dos: el colombiano Rigoberto Urán, segundo en los dos últimos Giro, y el australiano Richie Porte del Sky, el escudero de Froome. Ambos se han disuelto como un azucarillo. Urán es un buen corredor pero siempre habrá alguien mejor que él en carreras de 3 semanas y Richie Porte es un magnífico gregario pero siempre tiene un mal día. Bien por problemas físicos o por despiste. En este Giro los ha tenido de los dos. El peor el error cometido cuando cambió una rueda de su bici por la de un compatriota de un equipo distinto al suyo. Algo prohibido por el reglamento. No tuvo mejor ocurrencia que dar las gracias colgando una foto del momento en Twitter. Le sancionaron con dos minutos. La idiotez no tiene fronteras. De ahí en adelante, ha desaaprecido de la carrera. Salvo caídas, la maglia rosa es posesión de Contador.

Otra de las particularidades del Giro es su capacidad para sustituir a los caídos por otros corredores. Aquí entran en juego dos figuras de los próximos años. Una es el italiano Fabio Aru que es segundo en la general y el único que intenta plantar cara a Contador en la general. Aunque pierda tiempo poco a poco, siempre está ahi amenazando y con su equipo dispuesto a endurecer la carrera. El otro es el español Mikel Landa, cuarto en la general y cerca del podio. Su estilo de subir es calcado al de Pantani: atacando levantado del sillín con las manos en la parte baja del manillar. Un estilo estético y efectivo. Ambos son corredores del Astaná. Su director es Guiseppe Martinelli y fue director de Pantani. Como lo fue de Contador. Un círculo de cracks en la montaña difícil de igualar.

El pasado domingo volvía el Giro a Madonna de Campiglio. No lo había hecho desde que Pantani ganó allí en la víspera de su expulsión. Ganó Mikel Landa con Contador y Fabio Aru a continuación. Todo queda en familia.

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