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Giro de Italia

Primera parte del trabajo completada. El reto de Contador de ganar Giro y Tour en el mismo año terminó con la victoria del corredor español en el Giro de Italia por delante del italiano Fabio Aru y del español Mikel Landa, la auténtica revelación de este Giro de Italia.

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Una empresa difícil y costosa. El último ciclista en conseguir el doblete Giro y Tour en el mismo año fue el italiano Marco Pantani en 1998. Y antes que él, solo otros 6 ciclistas lo habían conseguido. Un repaso a sus nombres nos dice mejor que nada lo complicado de esta misión: Fausto Coppi, Jacques Anquentil, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Stephen Roche y Miguel Indurain. Todos grandes entre los grandes. Contador iguala las victorias en 7 grandes de Indurain. 3 Vueltas a España, 2 Giros y 2 Tours de Francia para el pinteño por 5 Tours y 2 Giros para Indurain. Contador sigue diciendo que ha ganado 3 Giros. Pero no es verdad. E lde 2011 no cuenta por su dopaje con clembuterol

Por si fuera poco, la victoria de Alberto Contador en el Giro de Italia 2015 le ha llevado más esfuerzo del esperado. Y no solo por el esfuerzo lógico en una carrera de 3 semanas sino por las caídas y la presión de sus rivales en las dos últimas jornadas de montaña, viernes y sábado pasados. Después de la exhibición en el Mortirolo, al quedarse rezagado por una avería, y la venganza de Contador a continuación, la maglia rosa parecía definitivamente en el bolsillo del madrileño al tener distanciados a Fabio Aru, con evidentes síntomas de desgaste, y a Mikel Landa a más de 4 y 5 minutos en la general, respectivamente. Pero no fue así. En la penúltima etapa, la temible subida al puerto de la Finestre con sus últimos 8 kilómetros en tierra, sterrato para los italianos, provocó una crisis tremenda en Alberto Contador. Primero atacó Mikel Landa y Contador intentó seguirle. Pero no pudo. Se sentó en el sillín antes que el vasco y no pudo soportar su ritmo. Nada especialmente grave ya que tenía 5 minutos de ventaja sobre él. Pero a continuación, tampoco pudo aguantar el ritmo del grupo de los mejores y vio cómo se le escapaban Fabio Aru y Hesjedal. Una crisis en toda regla. Y se quedó solo. Sin compañeros de equipo, en tierra de nadie y con sus rivales con la moral por las nubes al comprobar que el lider estaba tocado. En ese escenario los minutos podían ir aumentando y poner en peligro la victoria de Contador.

A favor de Contador jugaron varios factores.

El primero que el puerto que continuaba al de la Finestre y donde se encontraba la línea de meta, Sestriere, era un puerto de tercera categoría, corto y sin apenas pendiente en el que sería difícil aumentar mucho la ventaja.

-En segundo lugar, la veteranía y experiencia de Contador han jugado a su favor. No se ha puesto nervioso a pesar de que se le iban todos los gallos de la carrera por delante y ha seguido a su ritmo. Constante y sin altibajos para administrar su gran renta.

-Y por último, la enorme desorganización del equipo Astana durante gran parte del Giro y, especialmente, en la penúltima etapa. Después del ataque de Landa y de la crisis de Contador, Landa quedó en cabeza de carrera con el ruso Zacarín y Fabio Aru 40 segundos por detrás junto con Hesjedal y Rigoberto Urán. Contador solo. Sin compañeros de equipo en la parte decisiva de la carrera, una vez más. Durante bastantes kilómetros Landa tiraba por delante y Aru por detrás hasta que el director paró a Landa para ir todos juntos y que trabajara por Aru para aumentar toda la diferencia posible. Si esa decisión la hubieran adoptado 15 kilómetros antes en el falso llano que precedía a Sestriere, la ventaja hubiera sido mayor. 2 minutos y 30 segundos fue la diferencia en meta. Una hipótesis que ya no podemos comprobar. Contador gana el Giro y lo acompañan Fabio Aru como segundo y Mikel Landa como tercero en el podio de Milán.

En menos de un mes empieza el Tour de Francia. Ahí los rivales serán diferentes y más difíciles y Alberto Contador jugará en desventaja debido al desgaste del Giro y a que sus rivales llegarán más frescos. Un reto físico y psicológico difícil de superar. Nairo Quintana, Chris Froome y Vincenzo Nibali le esperan.

La venganza de Contador

Ya lo decíamos otro día. El Giro de Italia es una carrera especial. Una carrera de tres semanas es, por definición, un proceso de eliminación en el que hay que superar todas las adversidades hasta llegar a convertirte en el ganador. Unas dificultades basadas en la capacidad de los rivales, el recorrido y la salud. Además, entra en juego el factor suerte. El ciclismo es un deporte en el que una caída o una avería te puede eliminar directamente, bien por abandono o con una pérdida importante de tiempo.

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Las caídas y las averías están marcando el transcurso de este Giro de Italia en el que Alberto Contador es el dominador claro en la clasificación general. En los primeros días, el corredor pinteño sufrió una caída que acabó con su hombro maltrecho y Richie Porte perdió dos minutos por su cambio de rueda ilegal.

En la etapa reina que se disputó el pasado martes, con la subida al mítico Mortirolo( 12 kilómetros de subida con un porcentaje medio del 10,5%), a Contador le tocaba defender su maglia rosa de los previsibles ataques de sus rivales, los Astana de Fabio Aru y el español Mikel Landa). Lo previsible era que esos ataques se hicieran en el Mortirolo. Pero no. El azar hizo que una avería descolgara Contador 10 kilómetros antes de iniciarse la ascensión y el Astana aprovechara para atacar al lider en apuros. Un golpe de azar que enrabietó al madrileño. Al iniciar la ascensión, contador se retrasaba 50 segundos de Aru y Landa pero nos regaló una exhibición de fuerza en una subida para el recuerdo. Sin ayuda de compañeros fue adelantando a todos los ciclistas que encontraba hasta llegar a la altura de sus rivales. Y siguió apretando, consiguiendo descolgar a Fabio Aru en 1.50 s en la cima del Mortirolo recordando por momentos una hazaña similar de Marco Pantani. Desde ahí hasta la meta en Aprica, un calvario para el italiano con Contador y Landa juntos en cabeza con victoria para el vasco.

Pero Contador tiene, en muchas características, más de corredor clásico que de los robóticos ciclistas actuales más preocupados por lo científico que por las sensaciones. Contador no. Él suele guiarse mucho por estímulos. Acción y reacción. Como un clic cerebral que salta y que hay que seguir sin importar nada más. En la etapa de ayer solo se subía un puerto importante: el monte Ologno a 30 kilómetros de meta. El mismo en el que Indurain aseguró la victoria en 1992 de su primer Giro de Italia. 10 kilómetros al 9% de pendiente media, con un recorrido estrecho, carretera rugosa y con un descenso peligroso.

Antes de iniciarse la subida, Mikel Landa se vio envuelto en una caída y quedó cortado del pelotón. Inmediatamente, todavía en el llano, el equipo de Contador se puso a tirar a bloque en venganza de lo ocurido el martes y para sacar más ventaja al que se ha convertido en su principal rival ante el desfallecimiento de Aru. Y no se contentó con eso. En cuánto se inició el ascenso, Contador se marchó en solitario hacia la cima con una fuerza llena de rabia por lo sucedido. No se jugaba la etapa porque había un grupo de escapados con varios minutos de ventaja. Pero sí el orgullo y meter más tiempo a sus rivales dando un golpe de autoridad. Y lo consiguió. 1 minuto y 7 segundos más que añadir a su botín a la espera de las dos etapas de montaña que quedan. Viernes y sábado para un final de traca.

No estuvo mal a pesar de todo la etapa para Mikel Landa. Contador se fue por delante pero si pudo llegar hasta el resto de favoritos minimizando su pérdida de tiempo. Una lección que le vendrá bien de cara al futuro y afrontar situaciones imprevistas.

El Giro de Italia es una carrera especial. Y no lo es solo por ser una de las 3 grandes carreras del ciclismo junto a la Vuelta a España y el rey Tour de Francia. Su dureza, física y mental, la acumulación de puertos inolvidables, sus trampas y, sobre todo, por el carácter combativo de los italianos en su carrera. El Tour es más importante pero para los italianos su Giro es lo más especial. Una cosa es la cabeza y otra el corazón.

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Alberto Contador acudía al Giro de Italia buscando una gesta difícil. Muy difícil. El corredor de Pinto busca repetir los dobletes Giro-Tour de Miguel Indurain en 1992 y 1994 y el de Marco Pantani, el último en lograrlo en 1998. Ya sabemos lo que vino después para el enorme escalador transalpino: la expulsión en el Giro de 1999 en Madonna di Campligio por su elevado nivel de hematocrito cuando iba lider sobrado y su posterior bajada a los infiernos, con algún destello de clase puntual, que le llevaron a la muerte por sobredosis en 2004.

En ese año 1999 Patani no solo iba a ganar el Giro. Estaba arrasando a sus rivales ganando varias etapas de montaña con una suficiencia enorme. Ganar y convenver a todo un país de que era el Dios de las alturas e invencible cuesta arriba. Hundiendo al mejor Indurain en la etapa del Mortirolo en 1994 en una de las mejores jornadas de ciclismo que se recuerdan. No solo convenció a los italianos. Contador era un chaval de 16 años que soñaba con imitarle. Y no solo ganando sino también en la forma con ese punto de rebeldía de querer ganar todo lo posible y con una forma de escalador clásico: guiándose por sensaciones y no solo por las matemáticas.

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El reto que busca que busca Contador se presentaba asequible, a priori, en la primera parte del Giro. Un reccorrido más humano que otros años y una nómina de aspirantes y rivales no demasiado elevada. No están el colombiano Nairo Quintana, ganador el año pasado, Chris Froome ni Vincenzo Nibali. Los grandes del pelotón además del corredor madrileño. Entre sus principales rivales en la salida destacaban dos: el colombiano Rigoberto Urán, segundo en los dos últimos Giro, y el australiano Richie Porte del Sky, el escudero de Froome. Ambos se han disuelto como un azucarillo. Urán es un buen corredor pero siempre habrá alguien mejor que él en carreras de 3 semanas y Richie Porte es un magnífico gregario pero siempre tiene un mal día. Bien por problemas físicos o por despiste. En este Giro los ha tenido de los dos. El peor el error cometido cuando cambió una rueda de su bici por la de un compatriota de un equipo distinto al suyo. Algo prohibido por el reglamento. No tuvo mejor ocurrencia que dar las gracias colgando una foto del momento en Twitter. Le sancionaron con dos minutos. La idiotez no tiene fronteras. De ahí en adelante, ha desaaprecido de la carrera. Salvo caídas, la maglia rosa es posesión de Contador.

Otra de las particularidades del Giro es su capacidad para sustituir a los caídos por otros corredores. Aquí entran en juego dos figuras de los próximos años. Una es el italiano Fabio Aru que es segundo en la general y el único que intenta plantar cara a Contador en la general. Aunque pierda tiempo poco a poco, siempre está ahi amenazando y con su equipo dispuesto a endurecer la carrera. El otro es el español Mikel Landa, cuarto en la general y cerca del podio. Su estilo de subir es calcado al de Pantani: atacando levantado del sillín con las manos en la parte baja del manillar. Un estilo estético y efectivo. Ambos son corredores del Astaná. Su director es Guiseppe Martinelli y fue director de Pantani. Como lo fue de Contador. Un círculo de cracks en la montaña difícil de igualar.

El pasado domingo volvía el Giro a Madonna de Campiglio. No lo había hecho desde que Pantani ganó allí en la víspera de su expulsión. Ganó Mikel Landa con Contador y Fabio Aru a continuación. Todo queda en familia.

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