El gran clásico. O cómo se juega al fútbol

Vaya por delante que considero que el Barcelona tuvo suerte. Que metió dos goles en los primeros minutos en dos rechaces que le fueron favorables como pudieron no serle. También en que el árbitro pudo pitarle al Real Madrid un penalty -no digo que lo fuera, por que no tengo claro si el que toca el balón es Valdés o Ronaldo, digo que pudo pitarlo perfectamente- a favor y que en el primero de sus goles Villa está rozando el fuera de juego. Una vez dicho esto lo acontecido anoche en el Camp Nou fue uno de los baños más grandes que he visto en uno u otro sentido entre estos dos equipos de fútbol.

Xavi y Messi

Todo comenzó con mucha tensión y poca precisión, hasta que en el minuto 9, Messi intentó algo que su rival Cristiano había realizado en su partido contra la selección española: un toque sutil sin apenas ángulo al segundo palo del portero. Ejecución parecida y resolución similar. En el caso del portugués, su compañero Nani tocó el balón en fuera de juego antes de que entrara mientras que en el caso de «la Pulga» el esférico se estrelló en el palo. Ninguna de las dos jugadas acabó en gol, aunque lo merecieron.

A partir de ese momento el dominio del Barça se acrecentó, fruto de lo cual llegó el primer gol, con Xavi apareciendo en la posición teórica del delantero centro -que Messi deja libre habitualmente- para encontrarse un rechace a un medido pase de Iniesta y tocar con suavidad ante la salida de Casillas. Cinco minutos después, tras una larga no, larguísima jugada conjunta de todo el equipo catalán, Xavi -omnipresente- vio solo a Villa escorado a la izquierda, quien se fue como quiso de Sergio Ramos para poner un buen centro, raso y fuerte, ante el que Iker mostró manos blandas. Pedrito, Don Pedro, PR17, como prefieran, se adelantó a Marcelo y embocó el segundo. El Camp Nou estalló de júbilo.

El partido de los laterales madristas es para hacérselo mirar. Por un lado Marcelo venía recibiendo un aluvión de críticas positivas por su rendimiento, que en mi opinión es bueno pero no tan alejado del de cursos anteriores. No llegó a un solo despeje, se fueron de él como quisieron y encima, en ataque -su especialidad- no aportó nada. En su descarga hay que decir que más culpa de esto último tuvo todo el equipo blanco, que no tuvo el balón ni un ratito, que el propio brasileño. Mourinho lo cambió antes de la hora. Si mal le fue al lateral izquierdo, peor le fue al derecho. Ramos cada día da más la sensación de que su altísimo rendimiento en el Mundial ha sido un oasis dentro de su trayectoria profesional, con un rendimiento mediocre con su equipo en la liga española y en los partidos de fútbol posteriores de la selección. Parece que tiene que jugar por decreto, y su mejora en los centros viene acompañada de lagunas en defensa sin corregir e incomprensibles en un lateral de uno de los mejores equipos del mundo. Se fueron de él como quisieron, no apareció en el ataque y encima acabó expulsado por un patadón -eso no es una entrada- a Villa, otra dentellada a Messi y una agresión a Puyol. Peor imposible. Se pierde el partido contra el Valencia y no se decir si eso es bueno o malo para el equipo blanco.

Y de Mourinho qué. Pues el luso traicionó sus principios, esos que le pedían la inclusión de Lass Diarra en detrimento de Ozil en el once titular, y lo pagó caro. En el descanso rectificó y sacó del terreno de juego al alemán -que no había hecho nada en los primeros 45 minutos- para dar entrada a Lass, al que a partir de ahora le podrían llamar «Plass«, pues lo único que aportó al equipo fueron patadas al rival. El resultado: otros tres golitos, con doblete de Villa -ese delantero que había costado lo que Benzema y que tampoco metía goles- y de Jeffren en el descuento.

Mucho más se podría decir de este partido, como el pique Guardiola-Ronaldo (no estuvo muy fino Pep ahí), la actitud de la estrella portuguesa (más calmado que de costumbre pero de nuevo igualmente fallón contra el Barcelona), el papel de Leo Messi como asistente (tirando pases de escuadra y cartabón) en vez de como finalizador, el cambio continuo en las posiciones en el eje de la zaga blaugrana entre Piqué y Puyol -la mejor pareja de centrales del mundo- según por donde atacara Cristiano, la irrelevancia de Kedhira (jugador de esos que llaman «de equipo» por no destacar en ninguna faceta más que en correr) o la, probablemente, última oportunidad perdida por Benzema (más triste y apático que nunca).

En definitiva, cambio de líder en la clasificación de fútbol de la Liga BBVA en un partido para el recuerdo.

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