Murray sucumbe ante Djokovic

Este fin de semana ha llegado a su fin el Open de Australia de tenis, primer torneo de Grand Slam de la temporada, con las victorias de Serena Williams y Novak Djokovic. Los respectivos números uno del circuito han hecho buenos los pronósticos que les situaban cómo grandes favoritos para hacerse con el título.

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Serena Williams superó en la final a la rusa Maria Sharapova por 6-3 y 7-6 en el que es su 19º título de Grand Slam. Éste último conquistado a la edad de 33 años, la más veterana en conseguirlo. La final parecía tener un resultado adelantado debido a la racha de 15 victorias consecutivas de Williams sobre Sharapova. Fiel a la estadística, Serena salió a por todas y rompió el saque de su rival en el primer juego. Pasó por encima de ella con una combinación de aces, hasta 18 en total, y golpes ganadores que dejaron sin posibilidad de reacción a la tenista rusa. A pesar de sus esfuerzos y de una breve interrupción por lluvia, hasta cerrarse el techo, nada pudo hacer la rubia del circuito ante la norteamericana. Y no es solo una cuestión de músculo y potencia. La movilidad de Serena sigue siendo la mejor clave para explicar sus victorias. Eso y su capacidad de adaptación a cualquier superficie y cualquier temperatura. Pista dura o blanda, con frío o calor. Con vómitos o sin vómitos.

El reto que le queda a la jugadora norteamericana es tratar de superar a la alemana Steffi Graf que con 22 torneos grandes le saca tres siendo la jugadora con más torneos de este tipo en la era abierta.

En la parte masculina del torneo Djokovic se impuso al tenista británico Andy Murray por 7-6, 6-7, 6-3 y 6-0. Después de la dura semifinal ante Wawrinka, Djokovic buscaba su quinto título en Melbourne, octavo torneo de Grand Slam para el serbio. Es una final más propia para que especialistas en psicología puedan tratar de explicar como un jugador de la categoría de Murray se descompone mentalmente de una forma tan rápida. Llegaba Djokovic machacado de su semifinal ante Wawrinka, con un dia menos de descanso que el rival y con algunos problemas físicos. La duración de los dos primeros, 2 horas y 32 minutos, favorece al británico que está mucho más ágil que su rival.

A pesar de perder el primer set en el tie break cuando llegaba con ventaja de 4-2, Murray es capaz de sobreponerse e igualar en el segundo set. Un partido largo es lo que le favorece pero a partir del tercer set se descompone. Desaparece de la pista y acaba el partido perdiendo los últimos 9 juegos de forma consecutiva incluyendo un doloroso rosco final. Voleas fáciles y bolas a media pista se le escapan sin solución proporcionando aire y vida al tenista serbio que se agarra al campo.

No le hizo falta a Djokovic realizar un gran partido para ganar. Aguantó bien el tipo en el fondo de la pista neutralizando los golpes del rival. Si hubiera tenido un rival más duro mentalmente enfrente no habría ganado esta final. Alguien con el instinto asesino propio de los vencedores, tipos como el propio Djokovic, Nadal o Federer. Pero el británico solo se parece a ellos en la clase y en la calidad que tiene. No en su mentalidad. No es casualidad que Andy Murray haya perdido las 4 finales del Open de Australia. Todas a las que ha llegado. Un buen psicólogo podría tener la respuesta.

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